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lunes, 20 de agosto de 2012

El negrito en el arroz

Lo lamento, no soy ella, porque esto es la vida real y no una condenada telenovela
Sé que soy el negrito en el arroz en este día de euforia y buenos deseos del gremio docente, pero la verdad, la verdad, está lloviendo, es domingo y quiero que lo sea por muchas horas más, porque no tengo deseos de ir a mi escuela y comenzar el ciclo escolar, aunque de hecho ya haya comenzado desde el lunes pasado, con el curso de actualización, y es que es precisamente después de 40 horas de curso, que siento que me faltan días de descanso.
Ya pueden tacharme la sociedad entera y los mismos compañeros de pésima maestra, decir que me volví como el maestro de la Chuy, esa historia que leímos en la escuela cuando aún éramos docentes en formación, que contaba la historia de un maestro que llegó cargado de ideales, pero con el paso del tiempo perdió todo el entusiasmo por su profesión, o pueden decir que ya no soy la misma de antes y que ahora estoy amargada, no me importa. Lo siento si no estoy dando felicitaciones y repartiendo buenos deseos como si fuera navidad o año nuevo, ni tengo una larga lista de propósitos para este nuevo ciclo como en otras ocasiones,  pero me resisto a iniciar otro ciclo más con la presunción de que voy a ser la mejor maestra del mundo mundial, perfecta, incansable, llena de bondad, que solo vive para su trabajo, una burda versión de la maestra Ximena de la telenovela Carrusel con la que muchos de nosotros crecimos, a la que casi casi rondaban los animalitos del bosque, montándose una coreografía donde padres, alumnos y maestros cantaban unidos y vivían felices por siempre. La realidad es otra, todos lo sabemos, y voy a encararla como es, no quiero ir de más a menos, comenzar entusiasmada y a los dos meses olvidarme de todos mis buenos propósitos, sino todo lo contrario, quiero ir de menos a más, sé que mañana o pasado, cuando vuelva a recuperar mi ritmo de trabajo, cuando vuelva a ver a mis alumnos, a reírme, a escuchar sus ocurrencias o a sentir de nuevo su cariño, estaré entusiasmada, quizás en el fondo ya lo estoy, me he pasado todo el fin de semana preparando el inicio del ciclo, pero me siento cansada, sin deseos de ir a trabajar y ahora mismo no me entusiasma para nada la idea de regresar a la escuela, es lo que hay. 
Y aunque me ha dicho una amiga que es cuestión de actitud, de tener la capacidad de reconocer, resolver y mejorar, yo creo  que el punto en realidad más que de actitud, es de honestidad, de reconocer que no todo es bello, bonito y hermoso, y dar paso a la posibilidad de no ser los maestros perfectos, porque es muy cansado, es imposible pero sobre todo plano e improductivo, se aprende cometiendo errores y teniendo la honestidad de contarlo a los demás.  No es mi actitud lo que debo mejorar, yo soy de las que creo que mi escuela es como una trinchera desde donde puedo contribuir con mi granito de arena para mejorar el mundo y lo trato de hacer lo mejor posible, pero en mi trabajo como en mi vida, me gusta decir las cosas como son  y aunque al llegar a mi salón lo hago con gusto y olvido todo lo demás, incluso comer, para dedicarme a mis alumnos, reconozco que no soy la mamá de los pollitos, que no lo puedo todo, que  también hay días que me canso, me equivoco, me desespero, que no quiero ir a trabajar, pero aun así lo hago, y muchas veces lo hago aunque esté enferma, aunque tenga problemas personales graves, aunque no haya dormido por estar terminado mis materiales o el trabajo administrativo. Prefiero reconocer que no quiero trabajar pero aun así hacerlo,  a decir al mundo que tengo la batería al cien por ciento y faltar a la menor oportunidad.

Me gusta mi trabajo, mi escuela, aprecio a mis compañeros y alumnos, tengo ética profesional, pero eso no quita que a veces por mucho que trate de hacerlo bien, todo me salga jodidamente mal. Me canso, cometo errores, soy humana, y tengo derecho a ser imperfecta. ¡Crucifíquenme!

lunes, 6 de agosto de 2012

¡Ah, Vanidad! Tu nombre es mujer.

"¡Qué bella es usted!-Dijo el principito.
¿Verdad que si? -respondió suavemente la flor- y he nacido con el sol.
Y el principito comprendió que aquella flor no era nada modesta, pero era tan conmovedora."




- ¡Hola! ¿Como has estado?- dijo mi amiga D, mientras me daba un fuerte abrazo.
-Bien, muy bien ¿Y tú?
- También, vengo de ver a X y pasé a verte. Oye, ¡Qué bonita te ves!
-Jajaja, sobre todo con estas fachas.
- No, en serio, te ves bonita, diferente...no sé, como con un brillo especial.

[Modo Chica en el espejo activado]

¿Un brillo especial?
¿El brillo que se tiene después de haberse pasado unas vacaciones de PTM recorriendo 10 países en 30 días? Pues va a ser que no, porque mis planes se arruinaron nuevamente.
¿El brillo que tienes después de haber pasado una semana entera en una playa paradisíaca teniendo sexo con el chico de tu vida? ja y recontraja.
¿Será acaso ese brillo especial que tienen las mujeres embarazadas?...
¿Qué? ¿En serio? ¿En serio podrían creer que es por eso? Si eso ocurriera mi cara no iba a ser precisamente de dulce espera, sino de terrible pánico, casi casi como la chica de la película "Prometeo". ¡Horror!, si la sola palabra embarazada me produce escalofríos, no quiero ni pensar lo que sería si llega a estar asociada a mi nombre. Totalmente descartado.

[Modo Chica en el espejo desactivado]

- Mmm, pues gracias, debe ser que me he pasado estas vacaciones vegetando como haragana. No, mejor dicho, hibernando como oso.

Más tarde, después de que D, se ha marchado.

 [Modo madrastra de Blancanieves activado]
-Orale espejito, si que tiene razón mi amiga, me veo diferente. Espera, mejor me tomo una foto, porque tal vez tú me mientas.

Click,click [Modo modelo frustrada activado]

Pues es verdad, se me ven las mejillas sonrosadas cual Heidi, la niña de las montañas, la piel me luce fresca, el pelo brillante, ¡anda! y la mirada se me ve dulce y alegre. Es verdad, me veo bonita.

¿Tendrá que ver que he ido cambiando mi alimentación, incluyendo más frutas y verduras y disminuyendo la comida chatarra?
¿Será el shampoo?¿El nuevo jabón?¿La crema exfoliadora?
¿Tendrá que ver que he tratado, ahora si, de usar las cremas y productos para el cuidado de la piel que tiendo a comprar pero que nunca me aplico?
¿Tendrán que ver las horas de sueño que he recuperado, luego de que los últimos meses he estado durmiendo menos de 4 horas?
¿Tendrá que ver que estuve muchos días con mi familia y que a pesar de que nos reunimos por algo muy triste, me sentí cobijada, querida, apoyada y me liberé de una gran carga que por muchos años he llevado sobre mis hombros?
¿Será que no hay preocupaciones en mi vida, que todo marcha bien, quizás si un poco lento y a veces rutinario, pero estable, sin complicaciones, salvo los pequeños dramas que mi mente se crea cuando está aburrida?

Puede ser...

Pero creo que tiene que ver más con que me he liberado. He dicho en voz alta cosas que no me atrevía a decirme ni a mi misma porque eso implicaba aceptar que no todo es perfecto.

Pues bien, a partir de hoy...Modo bella durmiente con síndrome de Tourette activado - me ha dicho la chica en el espejo - A guardarse menos las cosas, a dejar de pintarse un mundo color rosa y a llamarle al pan pan y al vino vino, aunque ello implique que tengas que venir a vociferar aqui.

Si, si, vanidad es mi nombre. Pero digo yo ¿Qué de malo tiene verse al espejo y sentirse linda después de que siempre te has sentido como El patito feo?

domingo, 1 de mayo de 2011

La princesa del guisante


Esos días en que nada está bien ni está mal.
Esos días que no son ni blancos ni negros.
Esos días en que quiero pensar y a la vez no pensar.
Esos días en que quiero salir pero me falta energía y quiero quedarme en casa pero me agobian las paredes y me falta el aire.
Esos días en que quiero estar en todos lados y en ninguna parte.
Esos días que voy por la calle sintiéndome solitaria y perdida, pero cuando estoy a solas hay demasiado ruido en mi cabeza.
Esos días en que quiero perderme y a la vez ser encontrada.
Esos días que me veo al espejo y no me gusto y me vuelvo a mirar y me parece que tengo una linda mirada, una linda sonrisa.
Esos días en que no quiero estar sola pero tampoco acompañada.
Esos días en que siento que el mundo se derrumba y no me importa pero luego no puedo dejarlo así y busco hasta los pedacitos más pequeños para volver a reconstruirlo.
Esos días en que me levanto sonriendo, pero algún recuerdo viene no sé de dónde ni cómo y me tira, me oprime, me desgarra haciéndome  llorar desconsoladamente y de pronto me doy cuenta que mi llanto es ridículo y me río y vuelvo a llorar, esos días que paso de la sonrisa al llanto y también viceversa.
Esos días en que tengo tanto que hacer y pocas ganas de comenzar, en que lo dejo todo pero sigo pensando en ello y regreso y me vuelvo a ir, así hasta que las horas pasan.
Esos días en que no puedo o no quiero ni llorar ni reír.
Esos días en que necesito recordar y a la vez quiero olvidar.
Esos días en que la luz me lastima y la oscuridad me da miedo.
Esos días en que el silencio me pesa y los ruidos me sobresaltan.
Esos días en que la soledad me molesta y la compañía también.
Esos días en que no te extraño pero haces falta, esos días en que no haces falta pero te extraño.
Esos días en  que quiero verte pero no quiero que me veas, esos días en que quiero que me veas pero no quiero verte.
Esos días en que quiero hablarte pero no tengo nada que decirte ni ganas de intentarlo.
Esos días en que paso de ti completamente y luego me descubro más enamorada.
Esos días en que quiero hacer y no hacer.
Esos días en que descanso "del todo" pero  me agoto "de la nada".
Esos días en que me estorba la piel y me canso de ser yo, pero no quiero ser nadie más.
Esos días que sé que pueden ser mejores y me fastidia la idea de que cambien.
Esos días en que lo que quiero no lo tengo y lo que tengo no lo quiero.
Esos días en que dejo de tener lo que no quiero y comienzo a tener lo que quiero pero extraño lo que tenía.
Esos días en que quiero dejarlo todo y me siento atada, pero siendo libre me siento perdida.
Esos días en que quiero liberarme y contenerme, dejarme ser y dejar de ser.
Esos días en que quiero dejar de ser fuerte pero no quiero ser débil.
Esos días en que no quiero ser ni buena ni mala pero necesito ser buena y también mala.
Esos días en que quiero irme pero debo quedarme, esos días en que quiero quedarme pero debo irme.
Esos días en que no sé lo que quiero aunque sé perfectamente lo que quiero.
Esos días en que nada me basta y todo me sobra.
Esos días en que me entiendo y no me entiendo.
Esos días en que quiero sentir y no sentir, decir y no decir, ver y no ver, querer y no querer, estar y no estar, ser y no ser.
Esos días que las cosas no van ni bien ni mal pero algo pasa.
Esos días en que lo grande me parece  pequeño y lo pequeño me parece grande.
Esos días de hastío en que soy como la princesa del guisante...

Aghhh ¡con lo que me fastidian las princesas!

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