martes, 16 de octubre de 2012

Humo y café

Cuarenta minutos de viaje de ida y otros cuarenta de vuelta. La cita 5:30. Mi llegada cuarenta y cinco minutos después  culpa de mi poca habilidad para calcular los tiempos y mi mal hábito de llegar corriendo a todos lados(por no decir ser impuntual). Ocho horas de conversación, solo interrumpidas por un par de mensajes de texto que responder, cuatro idas al baño (todas de su parte). Quince minutos para ordenar dos capuchinos, una salida a la terracita a fumar un cigarro, siete en total según me dijo después. Diez, quince o veinte minutos más para tomar un taxi ( no lo sé, a mi me pareció una eternidad por el frío y la lluvia) y otros veinte entre que llegamos al restaurante y ordenamos  la cena. No hicimos nada que pueda catalogarse como divertido, porque a diferencia de otras veces no fuimos a ningún bar ni nada que se le parezca, aunque hicimos una ronda por el casino para ver de que iba, pero realmente no nos resultó atractivo, así que sólo estuvimos en el centro comercial hasta que cerraron y después nos fuimos a cenar. No hubo recorridos para ver aparadores, ni entrada al cine, sólo hablamos,  y la verdad  es que no hizo falta nada más. Las horas se pasaron volando, lo cual fue muy raro porque una de las cosas que más me preocupan de reunirme con alguien es precisamente la conversación, más que nada los silencios incómodos, pero esta vez no fue difícil,  no hubo silencios incómodos,  no tuve que pensar ¿y ahora que le digo?¿Dé qué más hablamos?¿Por qué no tengo una vida más interesante?¿Por qué no soy más divertida? Siempre me pasa cuando me encuentro ante la expectativa de convivir con desconocidos o con personas que a pesar de conocernos de mucho tiempo no hay la suficiente confianza para relajarme y dejar salir mi verdadero yo. Antes era precisamente por no sentir esa sensación de incomodidad que rechazaba cualquier invitación que involucrara a alguien ajeno a mi habitual círculo de amigos. Conocer y convivir con gente nueva era una tortura, que me hacía sentir intimidada, torpe, inadecuada, mediocre, poco interesante, que me hacía cuestionarme qué demonios hacia entre ellos, para qué carambas había decidido ir, y la cual trataba de eludir a toda costa.  Y no es que recién le conociera, de hecho estudiamos en la misma universidad, pero nunca tuvimos el mismo círculo de amigos, y aunque ya hace tiempo que volvimos a coincidir, lo cierto es que nunca habíamos tenido la oportunidad de charlar sin tragos u otros conocidos de por medio, sin ruido a nuestro alrededor. A mi en realidad la idea de pasar una tarde en el centro comercial no me resultaba tan atractiva, yo quería volver a la  taberna o al bar karaoke al que fuimos la última vez, quería volver a ponerme tonta a cervezas o divertirme probando distintos tragos (es lo que tiene ser novata en esto de salir de antros, que uno se divierte con cualquier cosa porque todo es novedad) yo quería ir a ese bar al que prometió llevarme porque los he visto en tantas películas que me mata la curiosidad por conocer el ambiente, me resultaba más interesante la idea de contactar a ese amigo suyo, y probar eso que desde hace mucho tengo ganas experimentar aunque vaya un poco en contra de mis principios. Fui porque le tengo cariño, porque me agrada, pero imaginaba que no sería una experiencia muy grata como en otras ocasiones, porque quedaría claro que no tenemos mucho en común,  pero lo curioso es que no hubo silencios incómodos, ni charlas forzadas,  simplemente  me abrí y conté lo que me cuesta decir en voz alta, lo que no puedo contar si no lo escribo, lo que no puedo decir sin sentir que traiciono a las personas que salen en la conversación, hablamos de todo, del trabajo, de la familia, de sus cosas, de las mías,  pero no hablamos de ti, no porque evitara el tema, sino simplemente porque no hubo necesidad de hacerlo, por ocho horas desapareciste, no tuve tiempo de pensarte o extrañarte, ni siquiera durante el viaje en autobús,  y fue un alivio porque estoy cansada de que vayas a todos lados conmigo, de seguir dándote un lugar importante en mi vida. 2:15 de la mañana nos despedimos y aun nos quedaban temas por hablar. Una hora de espera en la terminal de autobuses para  llegar a mi casa casi a las cuatro de la mañana. .

De regreso, no sé si por costumbre, porque todas las demás veces he regresado con algunas copas de más, está vez a pesar de haber tomado solo un café y más tarde un par de refrescos durante la cena, me sentía algo mareada, un poco torpe y  una sensación  rara entre la euforia y  la vulnerabilidad por haberme de alguna manera vaciado, por quitar tres niveles a la muralla que desde siempre he mantenido para proteger a mi corazón de la mayoría de las personas. Me dio gusto reconocer que ya es muy minúscula, que durante todo este tiempo he ido aprendiendo a ser yo, a sentirme cada vez más cómoda conmigo y con los demás, a no dejar de hacer las cosas que quiero por sentirme ridícula,  sin derecho o por anticiparme a lo que puedan pensar los demás de mi,  siento que cada vez voy dejando de ser Don Quijote luchando contra molinos de viento, librando batallas imaginarias con mi otra mitad. Esto no es reciente,  desde hace algunos años me han venido cayendo los veintes, uno a uno, de todas esas cosas absurdas con las que me he estado complicando la existencia. Ya no rehuyo a lo desconocido, ya no me siento incómoda con las situaciones que no controlo, es algo que comienzo a disfrutar porque es como un reto para mi, cada vez que voy, cada vez que nos reunimos, cada vez que me dejo llevar, cada vez que hago lo que realmente quiero hacer y no lo que pueda ser lo racionalmente correcto, cada vez que logro vencer un poco esta timidez que me aprisiona y no me deja ser quien verdaderamente soy, cada vez que me animo a mostrarme, a no disfrazar de indiferencia, fortaleza, excesiva madurez y racionalismo mi temor a intimar, a ser rechazada, cuando me atrevo a tomar la iniciativa para invitar a salir, para hacer planes o simplemente a decirle a alguien que le extraño, me siento mejor y tengo la sensación de irle haciendo pequeños hoyos a esa coraza,a esa muralla. No es que sea algo así como mi alma gemela, ni la persona más cercana que tengo, pero es la primera persona en mucho tiempo con la que no soy a penas un fragmento, con la que me siento cómoda  y eso me provoca unas ganas  absurdas de llorar, tal vez porque ya no me siento un bicho raro, y si, sé que cualquiera se puede estar imaginando que estoy relatando el comienzo de un nuevo romance, pero esto no podía estar más alejado de la realidad, porque esto no se trata de este tipo de emoción, se trata de la emoción que se siente cuando uno se da cuenta que hace mucho que ya no sé es la persona que tanto se temía ser,  que ha logrado salir poco a poco de esa prisión que estúpidamente se labró y de la que no encontraba como salir, es la emoción que se siente cuando uno se da cuenta que no se está defectuosa, que su chip para socializar sigue funcionando y que los demás disfrutan con tu compañía, que te aprecian, es la emoción que se experimenta al descubrir que se le ha cumplido un deseo. Hace tiempo yo me dije en voz alta que quería dejar de tener esa aburrida y monótona vida que iba del trabajo a la casa y viceversa, dije que quería poder vencer mi torpeza social y ampliar mi circulo de amigos, y esa noche comprobé que he encontrado la "mala influencia"  que me hacía falta, alguien que siempre está dispuesta a hacerse un huequito para salir a divertirnos, alguien que sabe escuchar, en resumen, una buena amiga.

7 comentarios:

  1. Me imaginaba que era una amiga por las cuatro idas al baño. xD En tu caso, creo que lo que has conseguido es mucho más importante que el principio de un simple romance. Es la garantía de que llegarán, porque estar abierta a la sociedad (a hombres, mujeres, amigos, amigos de amigos, quién sabe) es imprescindible para entablar relaciones, de la clase que sean. :-)

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    1. ¡Qué observador!La verdad es que convivir con otras personas, pasar un rato agradable, sentirme querida, apreciada, que las otras personas disfrutan de mi compañía, son cosas que realmente disfruto mucho y muchas veces me emocionan hasta las lágrimas.

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  2. La predisposición es indispensable para todo. ¡Siempre hay que mirar hacia delante! :)

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    1. Cuando estás abierto y dejar que la vida te sorprenda. Antes yo iba predispuesta pero en sentido negativo, creía _(equivocadamente) que a todo mundo le iba a caer mal, que los demás no me consideraban una persona grata, que se concentrarían en mis defectos, que se aburrirían conmigo, por eso antes de darle oportunidad a los demás de que me rechazaran lo hacía yo primero.

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  3. Las amigas son un tesoro incalculable... Enhorabuena y que este "romance" dure muchos años. Un besote!!!

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    1. Muchos se preocupan de cuidar la relación de pareja, pero no las amistades y es un gran error porque ellas están ahí para compartir tanto los buenos como los malos momentos. Así que siempre es importante darse un tiempo para salir a platicar, a divertirse, a alocarse un rato. Besos tb para ti.

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  4. Oh has conseguido algo maravilloso cielo :) Una amiga vale mas que nada!
    May R Ayamonte ∞

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