martes, 6 de septiembre de 2011

Cosas de maestros y algunas maldiciones judías

 
Estas no son fotografias de las escuelas donde he trabajado, pero se parecen mucho a esos sitios.


Hace poco hablaba con un amigo sobre la última semana de vacaciones y él me decía preocupado:

-Ay, no me digas que estás tan aburrida que ya estás deseando volver al  trabajo.
-¡No, cómo se te ocurre!-respondía yo- Aunque amo mi trabajo, tanto que no creo que haya alguien que me conozca de algún lado que no lo sepa, como toda gente normal, me encantan las vacaciones y entre más días tenga, mucho mejor. Sin embargo, cuando se terminan, vuelvo a mi trabajo encantada, no sólo porque me gusta, sino porque cuando uno está acostumbrado a trabajar, poco tiempo puede permanecer inactivo (y eso que no soy tan trabajadora como una abejita). Y cuando digo que no hay nada que hacer, no significa que no haga nada, sino más bien, me refiero a nada diferente a lo que hago habitualmente.

Me he acordado de esta conversación porque hoy he regresado a mi escuela después del susto del día jueves. La verdad es que dos días sin ir y ya quería volver al trabajo, ya extrañaba a mis alumnos y deseaba volver a mi rutina habitual. A mi me da mucha risa cuando uno dice "rutina" y la gente hace caras extrañas, como si la palabra "rutina" fuera un palabra prohibida, pasa como con "soledad", "solitario", "solo"; la gente siempre le da una connotación negativa. Sin embargo, para mi, rutina implica estabilidad, certeza, sentido de control, para mi la rutina es apenas el esbozo que hacemos de nuestro futuro cercano, y sobre el cual desarrollamos nuestro día a dia, nuestra vida. Al tener una idea de cómo será nuestra vida en los proximos días podemos organizar nuestro tiempo y aprovecharlo mejor. Además es ese día a día de trabajo duro lo que nos hace valorar, saborear mejor los momentos de descanso, esos fines de semana, vacaciones o aquellos días en que nos consentimos un poco más de lo habitual. Estoy convencida que estar de vacaciones permanentes no es el paraiso que todos los que trabajamos duro imaginamos, creo que todos sin excepción, al poco tiempo estaríamos buscando algo qué hacer.

Pero en fin, extrañaba volver a retomar todos esos planes que dejé por unos días, porque aán sigo con las baterias al 100%, pero me conozco bien y sé que mi talón de Aquiles es la inconstancia, puedo empezar algo con muchos brios pero después de un tiempo me aburro y centro mi atención en otro proyecto. Sólo termino lo que debo terminar y eso, a última hora. Siempre he dicho que todo me sale mejor cuando lo hago bajo presión, jeje. Por eso sé que si no aprovecho ahora para organizar bien el ciclo escolar, voy a dar lo que debo dar, pero no más. Es decir, voy a cumplir con mi responsabilidades, pero no daré todo lo que soy capaz de dar. Ayer comentaba con una compañera que a veces siento que decepciono a mi maestros, porque a pesar de que me considero un buena profesora, siento que ellos esperaban más de mi, que soy buena, pero puedo ser mejor.

Tengo casi ocho años de servicio, aunque en realidad son 17 porque desde que cumpli 15 años he estado relacionada con el magisterio, pues para continuar estudiando ingresé a un organismo que se encarga de llevar educación preescolar y primaria a las comunidades más alejadas y de difícil acceso del país que no cuenta con la población escolar requerida para que se instale el servicio educativo formal. Gracias a la beca que obtuve pude continuar mis estudios, desde entonces mi vida ha estado relacionada con la docencia, ya sea como becaria, apoyando a niños por las tardes, como docente en formación y ahora ya como profesionista.

A lo largo de estos 17 años, he vivido experiencias de todo tipo en la docencia, casi siempre en el medio rural, pero todas me han dejado algo positivo y son las que me han convertido en la persona que soy. He atravesado montañas, rios, cañaverales, he viajado en lancha, en burro, a caballo, en un camión de carga, en autobuses "guajoloteros" rodeada de animales, apretujados como sardinas, con asientos en estado lamentable, haciendo autostop o como decimos en México "raite", en camionetas de lujo, caminado hasta cinco horas seguidas bajo el sol, bajo la lluvia, viento, tormentas eléctricas o entre el lodo, la maleza, la selva para llegar  a la localidad, hasta me he perdido como Caperucita Roja en el bosque, he llegado a lugares desconocidos a mitad de la noche y pedido refugio a desconocidos, he llorado, reido, he sentido miedo, me han perseguido vacas y perros, me han asustado víboras, personas y hasta "fantasmas", me han dado de comer desde iguanas hasta víboras, he padecido la escasez de agua y bebido agua de dudosa procedencia, me he bañado en estanques que más que eso eran charcos,  he trabajado con grupos de apenas diez alumnos o de cuarenta y ocho, he atendido un sólo grado o los seis grados a la vez (incluso ahora mismo tengo veinticuatro alumnos y atiendo dos grados), he trabajado en aulas de madera, en un granero, a la interperie, en escuelas medianamente equipadas o carentes de mobiliario, me he entrevistado con politicos de todo tipo en busca de apoyo para mi escuela, me han hecho una que otra propuesta indecorosa (pero claro, a mi no me han ofrecido un millon de dolares, jejeje) me han regalado decenas de dibujos, flores, dulces, muñecos de felpa y hasta piedras, me han reconocido como una gran docente y también me han tratado como si fuera la peor maestra del mundo, me han elogiado, me han calumniado e insultado, he conocido la parte amable de la gente pobre y también la parte cruel, me han colmado de atenciones como si fuera la persona más distinguida del mundo, casi una superestrella o me han tratado con la más cruel indiferencia como si fuera la más insignificante donnadie del universo, he convivido con gente desconocida como una gran familia y también me he enfrentado a medio centenar de personas aferradas, intolerantes, agresivas pero he sabido defenderme sin agredir y hacerlos trabajar conmigo en equipo. Aunque creo que mi más grande logro es que, he sido docente desde muy joven, pero desde muy joven pude descubrir quien era y no perder mi esencia en el camino, todo lo contrario, donde he ido creo que en mayor o menor medida he aportado algo positivo.

Yo también he aprendido mucho en este tiempo, porque a la vez que yo formaba a los pequeños, ellos me han ido formando a mi. Por eso es que me encanta mi trabajo, por eso lo extrañaba, porque cuando piso esa aula, entro en un mundo donde sé que estoy cambiando el futuro, no sólo el suyo sino también el mio. Y digo que estoy en el trabajo correcto porque sé que esos niños tienen, sino a la mejor, si a una maestra que no le importa dedicar sus horas de sueño, su dinero, su tiempo libre para brindarles una educación de calidad, pero que además tiene los valores y un cúmulo de experiencias para hacer de ellos mejores personas. Todo vale la pena, cuando uno ve a aquellos niños, que llegaron sin saber leer y escribir o siquiera tomar un lápiz, escribir una carta, hacer un escrito tan bonito, tan profundo que te conmueve hasta las lágrimas, leer con tal fluidez, ser tan independientes, que uno no deja de preguntarse cómo se ha logrado, cómo se ha sido capaz de influir tanto en un ser humano, pero lo mejor es descubrir que hay valores, ideas, formas de trabajar, de ser y hasta palabras propias que ellos han hecho suyas através del ejemplo. Aunque claro, eso también implica una gran responsabilidad porque hay que tratar de ser no sólo mejor persona sino la mejor profesora que ellos puedan tener. Por eso me siento tan bien de volver al trabajo, porque puedo retomar todas las ideas que hay en mi cabeza, los proyectos, continuar moldeando mi práctica para convertirme esa profesora y ser humano que quiero ser, y cada día que voy a esa aula, que convivo con esos niños, me acerco un poquito más.

Si, sé que me he echado demasiadas flores el día de hoy, pero bueno, este minuto de vanidad ha sido patrocinado por la madrastra de Blanca Nieves, esa de "espejito, espejito", jejeje. 

Por lo pronto puedo volver a reirme de la situación y he encontrado unas maldiciones judías que me gustaria lanzarles a esos #$$%&/($#:

-Ojala se les caigan todos los dientes, menos uno y ese les duela siempre.
- Que les salga un enorme y doloroso grano (ya saben dónde) y se les quedé ahi para siempre.
-Quese ganen un millón pero que todo lo gasten en médicos y nunca sanen.
-Que se vuelvan ricos para que sus jovenes viudas y sus esposos vivan el resto de su vida sin preocuparse.
- Que tengan cien casas, con cien habitaciones y una cama en cada una de ellas, para que salten en cada una de ellas a causa de las convulsiones.
-Que tengan mucha comezón donde no puedan rascarse.
-Que se hagan famosos por su hospitalidad con las ratas, cucharachas, chinches, piojos, pulgas y gusanos.
-Que vivan como una cebolla, con la cabeza enterrada.
-Que todo loque hagan en esta vida se les regrese multiplicado por tres.

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