viernes, 1 de julio de 2011

Días de lluvia y jacarandas.




Hoy ha estado lloviendo todo el día, llevamos así un par de días, lo que parece que a mucha gente no le agrada, pues he estado escuchando a muchos quejarse, decir que se supone que debería estar soleado y darme una lista de razones por las que los días de lluvia son lo peor. Yo me limito a sonreír, pues a mí me encantan los días de lluvia.

Me gusta el olor a tierra mojada que traen consigo esas primeras gotas de lluvia, me gusta cómo por unos momentos el mundo parece un poco más enloquecido que de costumbre, como si hubiéramos oprimido un botón y avanzara más de prisa, de repente parece que no hay nada más importante que evitar mojarse; la gente camina apresurada, corre olvidando la compostura y hasta hace cosas absurdas, como cubrirse con un periódico, a medida que la lluvia aumenta su intensidad. Se puede ver a quienes hacía unos momentos caminaban por la calle con aire altivo casi sintiéndose los dueños del mundo, apretujados con otros tantos desconocidos refugiándose bajo un portal, completamente empapados, tiritando de frío y con cierto aire de fragilidad en el rostro. Me resulta curioso cómo una simple lluvia puede recordarnos cuán vulnerables somos.

Y poco a poco las calles van quedando solitarias, todo va quedando en silencio, de aquel mundo bullicioso de hace unos cuantos minutos, sólo se escucha el sonido del agua golpeando contra el pavimento, los malabares y chapoteo de quienes tratan de no mojarse y van dando saltitos por la calle, el ruido de las llantas de los autos derrapando, un claxon sonando y rompiendo el encanto. Luego la lluvia cesa, alguien oprime el botón del play y la vida vuelve a la normalidad.

Amo los días de lluvia. Cuando son días laborables porque me gusta respirar ese aire frio y limpio que me llena de energía por las mañanas, me agradan porque al llegar al trabajo se nota cierta sensación de calidez; me da la impresión que a la gente le entran deseos de conversar, de recordar, de abrirse a los demás, hasta los niños, que siempre andan de un lado para otro, corriendo con tal ímpetu, como si el ritmo del mundo de los adultos fuera demasiado lento para ellos, dejan de lado sus ansias e impaciencia para formarse en grupitos y sentarse en el piso pegaditos unos con otros, lo más cerca posible de mi, a la espera de que les cuente alguna historia o leyenda, preferentemente de terror o para contarme historias de esas de "le pasó al primo de un amigo" o las de "el otro día..." donde papá, mamá, cualquier familiar o conocido y hasta las mascotas, son protagonistas de historias fantásticas cargadas de exageraciones y acontecimientos inverosímiles. Cuando llueve los fines de semana, me encanta levantarme tarde, tomar una taza de café caliente, volverme a arropar y permanecer cobijada gran parte del día, escuchando música, escribiendo, leyendo o viendo películas clásicas. Lo único que lamento de esos días es no tener una amplia ventana donde sentarme a ver llover al tiempo que leo o veo a la gente pasar, o poder salir a chapotear y cantar bajo la lluvia como cuando era niña.

Pero la razón por la que más me gustan esos días, es porque me traen recuerdos de "Mi pequeña Londres", como cariñosamente suelo llamarla yo, por los días en que se cubre de una densa niebla. No sé exactamente por qué adoro esa ciudad, si es porque en ella cristalicé un sueño largamente acariciado, si es porque ahí entendí lo que realmente significaba enfrentarse a la vida completamente sola; en una ciudad desconocida, en un ambiente ajeno y sin nadie en quien buscar apoyo o si es simplemente porque me parece bella, porque después de siete años sigue ahí, fija en mi memoria, plagada de recuerdos, con su clima impredecible que lo mismo te sorprende con un día soleado y te seduce para que te vistas muy primaveral, que a las dos horas puede enviarte un frío endemoniado que te cala hasta los huesos o te hace correr para protegerte de la lluvia y no terminar peor que un gato remojado. Ahí está ella, con su sol, con su frío, con su chipi-chipi, con su neblina, con sus mercadillos, con sus edificios antiguos, con sus parques llenos de verdor, con sus jardineras repletas de flores, con sus jacarandas pintando de azul violáceo las aceras...ahí está "mi pequeña Londres", siempre en mi mente, siempre evocando una época llena de cariño, de sueños, de esperanzas, de ideales...

Los días de lluvia también traen consigo cierta melancolía que me hace pensarte, porque eso eres ahora en mi vida, como un día de lluvia ocasional que me remueve recuerdos, que me nubla temporalmente el alma y la mirada, que me deja observando desde la ventana mis sentimientos, a la vez que me limpia las telarañas que el tiempo y la distancia han ido acumulando, dejándome ver no sólo los momentos tristes; esos en que dueles tanto que encuentro mil razones para no haberme enamorado de ti, sino también aquellos buenos momentos que me hacían andar por la vida sonriendo como una boba, que me hacían sentir el corazón rebosante de felicidad y me inspiraban a tratar de ser mejor persona. Entonces, tomo mi abrigo bordado con todas aquellas palabras dulces, graciosas, bobas, sabias, duras, pero sobretodo llenas de amor que nos dijimos, con las cosas buenas que trajiste a mi vida, con lo mucho que crecí a tu lado como persona, salgo a la calle y sonrío, pues aunque todavía me dueles, ese dolor no es suficiente para taparme la luz del sol e impedirme ver el arco iris.

6 comentarios:

  1. Yo te apoyo, me encantan los días de lluvia... y eso que últimamente me dan unos catarros infinitos, pero me siguen pareciendo acogedores y románticos como nada :)

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  2. que bonita entrada sobre la lluvia y lo que significa para ti pues te traslada a momentos de felicidad, yo tampoco acabo de entender a las personas que no les gusta la lluvia¿ porque? es tan necesaria, se lleva tanto, limpia tanto.
    Hoy estuve escuchando Let It Rain" de Sarah Brightman http://youtu.be/yeF8XUtjhCQ

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  3. “para contarme historias de esas de "le pasó al primo de un amigo" o las de "el otro día..." donde papá, mamá, cualquier familiar o conocido y hasta las mascotas, son protagonistas de historias fantásticas cargadas de exageraciones y acontecimientos inverosímiles.” Mmmmmm… Magisterio…..
    “Pero la razón por la que más me gustan esos días, es porque me traen recuerdos de "Mi pequeña Londres"”Mmmmmmmmmm… Magisterio de Ingés???
    “o si es simplemente porque me parece bella, porque después de siete años sigue ahí, fija en mi memoria” Mmmmmmmmm…. Hace siete años?? Voy a contar un Erasmus…. Y hace 7 años… contando último año de carrera… rondarás los 28 – 30 años!!!

    Después de este “intento” de adivinar tu vida un poquito… jejeje ¿no te pasa que involuntariamente cuando no conoces a alguien intentas ponerle “una historia”? A mi me pasa, te pido perdón... no es voluntariamente, lo hago sin querer!! :p

    Bueno, siempre he intentado leer tu blog con un “cierto” orden, y hoy… me lo he saltado!! Me chocó el título, por dos razones… primera: me encanta la lluvia!!! Creo que desde el día que me pusieron lentillas… la sensación de poder mirar hacia arriba cuando llueve, sin que se te empañen las gafas… notar otra vez el agua… mmmmmm… me encanta!! Segunda: la Jacaranda… jejeje Hace como 3 semanas fui con mi familia a Altea a pasar el día, y me acuerdo que en el coche comentó mi padre “mira, la Jacaranda en flor!!”.. me gustó el nombre “Jacaranda”!!!... por eso hoy no leí por orden… Usted me perdone!!! (bajando la cabecita, mirando al suelo, con cara de no haber roto nunca un plato!! Jejej)
    Feliz lluvia!! Te leo!
    Miguel

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  4. Hola Key, gracias por visitarme. Pues si, a veces ese es el precio a pagar, pero mira que prefiero los días de lluvia y frío, a los infernalmente calurosos, aunque la verdad es que yo me adapto a todo. También me pasaba lo mismo que a ti, pero la vitamina C cae muy bien en esos casos.

    Hola Pury, gracias. Si es que yo igual no los entiendo, es que hay a quienes nada les va, si llueve porque llueve y si hace calor porque hace calor, a ver si aprendemos a quejarnos menos y a sacar lo mejor de cada situación. Esto del clima viene siendo más o menos como una alegoría de nuestra actitud frente a la vida. Ya escuché la canción y me pareció muy bonita la voz de esta mujer, me hizo recordar a Enya, una de mis cantantes favoritas, quien por cierto también canta sobre la lluvia. Me han dado ganas de escribir un post de "Canciones para un día de lluvia" o "Qué hacer en un día de lluvia", sería interesante saber que hacen, qué escuchan o qué les recuerdan a otros los días de lluvia, pero bueno ahora todos andan disfrutando del calor del verano, jejeje.

    Miguel,¡Elemental, mi querido Watson!jajaja, me has recordado uno de mis personajes favoritos: "Sherlock Holmes", aunque bueno, para los seguidores de dicho personaje es bien sabido que nunca dijo esa frase. En fin, casi aciertas, uno de tres no está mal después de todo, ya que las otras dos no están muy alejadas de la realidad. Y si, yo también suelo imaginarme toda una historia detrás de cada bloguero, bueno en realidad de cada persona que conozco, jejeje. Y para disfrutar mejor los días de lluvia, me voy a poner a practicar los pasitos de Gene Kelly,jejeje. Con respecto a tu pequeña infracción (jajaja) está bien, pero no lo vuelvas a hacer o para la próxima tendré que reprenderte fuertemente. Anda,ya puedes irte a jugar, jajaja.

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  5. Madre mía!!! solo una de tres??? que desastre!!! jejeje pues vaya "detective" de segunda división, no? :p Bueno, como tengo un ratito... voy a ver si leo otra entrada! y así sigo con el "orden"... Te leo!!
    Miguel.

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  6. Por cierto, no me había dado cuenta que ya no figuraba mi edad en mi descripción, jajaja. Ahora que he hablado de canciones, ya he escuchado la canción que me recomendaste, muy ritmicas, es lo que tienen los ritmos africanos poseen mucha vitalidad, calor, colorido y sabor. La canción de Michael, estuve a punto de ponerla en la primera entrada porque de hecho, esa y la de smile son en parte la inspiración para el título y la temática del blog, pero decidí guardarlas para otra ocasión donde creo iran mejor.

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